Durante años mi semana tenía la misma forma. Lunes con prisa, miércoles con sueño, viernes con alivio y domingo por la tarde con ese nudo en el estómago que ya conoces si has trabajado en una oficina que no te llenaba. No era un mal trabajo. Ese era el problema: no era lo bastante malo como para dejarlo sin sentir que estaba loco.
Esta es la historia de cómo lo dejé igualmente. No te la cuento para convencerte de que hagas lo mismo, sino para que, si te lo estás planteando, tengas la versión real: la parte bonita y la parte que da miedo.
Por qué dejé la oficina
Trabajaba en marketing digital. Tenía contrato, sueldo fijo y un horario razonable. Sobre el papel, todo en orden.
Lo que no salía en el papel era que llevaba tiempo viviendo para las vacaciones. Contaba los días que faltaban para el siguiente viaje y, cuando volvía, la sensación de vacío duraba cada vez más. Llegó un punto en que las dos semanas de agosto ya no compensaban las cincuenta restantes.
No hubo una crisis dramática. Hubo una acumulación. Y una pregunta que no se iba: si esto es lo que voy a hacer los próximos treinta años, ¿de verdad lo elegiría hoy?
El día que lo decidí
Me gustaría decirte que lo decidí en lo alto de una montaña. Fue bastante menos épico. Fue un martes cualquiera, haciendo cuentas en una hoja de cálculo, cuando me di cuenta de que el viaje largo que llevaba años posponiendo no era imposible. Era caro, pero calculable.
Ese cambio de mentalidad lo cambió todo. Mientras el viaje era un sueño, no tenía fecha. Cuando se convirtió en una cifra, tuvo fecha: [⚠️ mes y año de salida].
Mi consejo si estás en ese punto: ponle número. Cuánto cuesta, cuántos meses necesitas para ahorrarlo y qué día sales. Un sueño sin fecha se queda en sueño con mucha facilidad.
Excedencia, renuncia o teletrabajo: qué elegí
Esta fue la decisión que más me costó, y la que más gente me pregunta. En España tienes, a grandes rasgos, tres caminos:
| Excedencia voluntaria | Baja voluntaria (renuncia) | Trabajo en remoto / nómada digital | |
|---|---|---|---|
| Requisito principal | Al menos 1 año de antigüedad en la empresa | Ninguno, más allá del preaviso | Un trabajo o clientes compatibles con viajar |
| Duración | Entre 4 meses y 5 años | Indefinida | Indefinida |
| ¿Vuelves a tu puesto? | No garantizado: solo derecho preferente a vacantes de tu categoría | No | No aplica |
| ¿Cobras el paro al volver? | No por la excedencia en sí | La renuncia voluntaria no da derecho a prestación | No aplica |
| Ingresos durante el viaje | Ninguno | Ninguno | Sí |
| Ideal si… | Quieres una red de seguridad con tu empresa actual | Tienes claro que no vas a volver a ese trabajo | Quieres viajar lento y sostener el viaje en el tiempo |
La excedencia voluntaria está regulada en el artículo 46 del Estatuto de los Trabajadores y tiene un matiz que mucha gente descubre tarde: no te guardan tu puesto. Te dan preferencia para volver cuando haya una vacante de tu categoría, que no es lo mismo. Si tu empresa es pequeña, esa vacante puede no llegar nunca.
Yo elegí teletrabajar porque mi empleo me lo permite. Con la perspectiva de los años, lo que sí te digo es que la decisión correcta depende menos de la ley y más de una pregunta sencilla: ¿quieres volver a ese trabajo? Si la respuesta honesta es no, la excedencia solo retrasa una conversación que vas a tener igualmente.
Cuánto dinero ahorré antes de irme
Ahorré lo suficiente para el tiempo que me iba a ir. Pero la cifra importa menos que cómo la calculas, porque depende muchísimo del destino. Viajar por el Sudeste Asiático no cuesta lo mismo que recorrer Europa.
La fórmula que uso hoy tiene cuatro partes:
| Partida | Cómo calcularla | Error típico |
|---|---|---|
| Presupuesto de ruta | Coste diario del destino × número de días | Calcularlo con precios de temporada baja |
| Vuelos y visados | Vuelos principales + visados + transporte largo | Olvidar el vuelo de vuelta o las tasas fronterizas |
| Gastos fijos en España | Seguro, móvil, trastero, cuotas que siguen corriendo | Pensar que al irte dejas de pagar todo |
| Fondo de vuelta | Entre 3 y 6 meses de tus gastos normales | No tenerlo y volver con prisa por aceptar cualquier trabajo |
Ese último punto es el que más valoro ahora. El fondo de vuelta es lo que te permite regresar con calma y elegir, en vez de aceptar lo primero que salga.
Si quieres cifras concretas por destino, tengo varias guías con presupuesto real: cómo viajar con 5 euros al día como mochilero, una guía para viajar por Asia con poco dinero y el itinerario low cost de 21 días por los Balcanes, que es un buen primer viaje largo sin salir de Europa.
Los trámites que casi se me olvidan
Nadie sueña con papeleo, pero hacerlo bien antes de salir te ahorra muchos disgustos después. Estos son los que yo revisaría hoy:
Seguridad Social. Al dejar de trabajar dejas de cotizar, y eso se nota en tu futura pensión. Existe el convenio especial con la Seguridad Social, que te permite seguir cotizando por tu cuenta. Como requisito general hay que tener 1.080 días cotizados en los 12 años anteriores a la baja y pedirlo dentro del año siguiente a esa baja. No es barato, así que haz números antes de descartarlo o de firmarlo.
Seguro de viaje. No es opcional. El Ministerio de Asuntos Exteriores recomienda un seguro con cobertura sanitaria que incluya hospitalización y repatriación, y yo añadiría: léete las exclusiones. Muchos seguros baratos no cubren actividades de aventura o viajes de más de 90 días.
Registro de Viajeros. Es gratuito y tarda cinco minutos. Inscribirte en el Registro de Viajeros de Exteriores permite que te localicen si hay una emergencia grave en el país donde estás. Consulta también las recomendaciones de viaje de cada país en la misma web antes de cruzar fronteras.
Impuestos y residencia. Si vas a pasar más de medio año fuera o a generar ingresos desde el extranjero, habla con un asesor fiscal antes de salir. Es una consulta pequeña que evita un problema grande.
Lo pequeño. Tarjetas sin comisiones en el extranjero, una copia digital de tu pasaporte, la caducidad del pasaporte (muchos países exigen seis meses de validez) y un poder notarial a alguien de confianza si dejas asuntos abiertos en España.
La primera mochila (y todo lo que sobraba)
Mi primera mochila pesaba demasiado. Llevaba ropa “por si acaso” para situaciones que nunca llegaron. En las primeras semanas regalé, dejé en hostales o mandé a casa casi un tercio de lo que había metido.
Con los años aprendí que la mochila ligera no es una cuestión de estética minimalista, es libertad: puedes subirte a cualquier bus, caminar hasta el alojamiento y cambiar de plan sin pensarlo dos veces. Si estás preparando la tuya, aquí tienes mi lista real de qué llevar en la mochila para viajar un mes, que sirve igual para un año porque la ropa se lava por el camino.
Y si quieres saltarte mis tropiezos, repasa los errores comunes de un mochilero. Cometí la mayoría.
Lo que nadie te cuenta del primer mes
Aquí va la parte que no sale en las fotos. El primer mes no fue la liberación que esperaba. Fue raro.
Durante las primeras semanas seguía funcionando con horario de oficina. Me despertaba con prisa sin motivo. Sentía culpa por no estar “haciendo algo productivo” y me obligaba a ver tres templos al día como si tuviera que justificar el viaje ante alguien. Tardé en entender que no estaba de vacaciones. Estaba aprendiendo a vivir de otra manera, y eso lleva tiempo.
También está la soledad. No la de estar solo, que a mí me gusta, sino la de no tener a nadie que entienda por qué lo has dejado todo. Eso mejora cuando empiezas a coincidir con otros viajeros que han hecho lo mismo, en hostales o en rutas largas.
Mi primer destino fue Tailandia. Si hoy tuviera que recomendarte uno para empezar, elegiría un sitio barato, fácil de recorrer y con muchos viajeros: Asia es la opción clásica por algo.
Más de diez años después
Han pasado más de diez años y la mochila sigue lista. Por el camino he recorrido la Carretera de la Muerte en Bolivia, he dormido en un país que casi nadie visita como Kiribati y he seguido la Ruta de la Seda por Georgia y Uzbekistán. De todos esos viajes nació este blog.
No todo ha sido fácil. Ha habido meses de dinero muy justo, épocas de cansancio y momentos en los que me he preguntado si volver a una oficina sería lo sensato. Pero no me arrepiento. Lo que más ha cambiado no son los sellos del pasaporte, es la relación con el tiempo: ya no lo cuento en días que faltan para las vacaciones.
¿Es para ti? Una prueba honesta
No todo el mundo tiene que dejar su trabajo para viajar, y está bien. Estas preguntas me habrían ayudado a decidir antes:
| Pregunta | Si la respuesta es sí | Si la respuesta es no |
|---|---|---|
| ¿Llevas más de un año pensando en ello? | Probablemente no es un capricho | Prueba primero con un viaje largo en vacaciones |
| ¿Tienes un fondo de vuelta calculado? | Puedes volver sin prisa | Ahorra antes de fijar fecha |
| ¿Te ves disfrutando de la incomodidad? | El viaje mochilero te va a encajar | Plantéate un viaje largo con más comodidad |
| ¿Tu trabajo permite excedencia o remoto? | Tienes una red de seguridad | Asume que no habrá vuelta al mismo puesto |
Si has respondido que sí a la mayoría, empieza por ponerle fecha. Todo lo demás se resuelve por el camino.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto dinero necesito para dejar el trabajo y viajar un año? Depende sobre todo del destino. La forma fiable de calcularlo es sumar el coste diario del destino multiplicado por los días de viaje, los vuelos y visados, los gastos fijos que seguirás pagando en España y un fondo de vuelta de entre 3 y 6 meses de tus gastos habituales.
¿Es mejor pedir una excedencia o dejar el trabajo para viajar? La excedencia voluntaria exige al menos un año de antigüedad y dura entre 4 meses y 5 años, pero no garantiza tu puesto: solo te da preferencia para volver si hay vacante de tu categoría. Si no quieres regresar a ese trabajo, la renuncia suele ser la opción más honesta.
¿Qué pasa con la Seguridad Social si dejo de trabajar para viajar? Dejas de cotizar mientras no trabajas. Puedes suscribir un convenio especial con la Seguridad Social para seguir cotizando por tu cuenta si tienes 1.080 días cotizados en los 12 años anteriores a la baja y lo solicitas dentro del año siguiente.
¿Se puede volver a trabajar después de un año sabático viajando? Sí. Lo que más ayuda es volver con un fondo que te dé margen para buscar sin prisa y saber contar el viaje como experiencia: idiomas, resolución de problemas, organización y capacidad de adaptación son habilidades que un año de viaje entrena de verdad.
¿Cuál es el mejor destino para empezar como mochilero? Para un primer viaje largo conviene un destino barato, con buen transporte local y muchos viajeros. El Sudeste Asiático es la opción clásica, y los Balcanes son una buena alternativa si prefieres empezar sin salir de Europa.
Si estás en ese punto en el que llevas meses dándole vueltas, escríbeme desde la página de contacto. No te voy a decir que lo dejes todo. Te voy a ayudar a hacer las cuentas.
Nos vemos por el camino.